Trabajar de noche envejece antes: los riesgos silenciosos de los turnos laborales

Trabajar por turnos, especialmente durante la noche o con horarios rotativos, puede tener consecuencias mucho más graves de lo que muchas personas imaginan. Más allá del cansancio acumulado o la dificultad para dormir, especialistas en medicina del sueño advierten que esta dinámica laboral afecta directamente la salud física, mental y emocional, al grado de acelerar el deterioro del organismo y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas.

El director del Instituto de Investigaciones del Sueño, Diego García-Borreguero, aseguró que el llamado “trastorno por trabajo a turnos” es una condición real, reconocida científicamente y definida oficialmente, por lo que incluso podría considerarse una enfermedad profesional.

Durante su participación en la “I Jornada sobre el Impacto del Trabajo a Turnos”, el especialista explicó que las personas que trabajan en horarios irregulares descansan en momentos en los que el cuerpo biológicamente no está preparado para hacerlo. Como consecuencia, el sueño suele ser menos profundo, fragmentado y con despertares frecuentes.

Esta alteración provoca que el cerebro no logre recuperarse de manera adecuada, reduciendo la capacidad de concentración, la memoria y el rendimiento laboral. Además, aumenta la probabilidad de cometer errores y sufrir accidentes, algo especialmente delicado en profesiones de alta responsabilidad como pilotos, controladores aéreos, maquinistas o personal de seguridad.

Uno de los datos más preocupantes expuestos por García-Borreguero es que el índice de morbilidad de una persona que ha trabajado por turnos hasta los 50 años equivale al de alguien de 65 años que nunca ha tenido ese tipo de jornadas. Esto significa que el desgaste físico aparece antes y la esperanza de vida puede disminuir.

El especialista detalló que quienes trabajan bajo este esquema tienen 65 por ciento más probabilidades de sufrir deterioro cognitivo, siete veces más riesgo de desarrollar hipertensión arterial y hasta cuatro veces más posibilidades de padecer enfermedades coronarias.

Los efectos también alcanzan al sistema cerebrovascular. Según explicó, las probabilidades de sufrir un ictus isquémico aumentan un 4 por ciento por cada cinco años de trabajo por turnos. A ello se suma un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Las estadísticas presentadas indican entre un 20 y 50 por ciento más de probabilidades de cáncer de mama, entre 25 y 35 por ciento más riesgo de cáncer de próstata y entre 11 y 25 por ciento más probabilidades de cáncer colorrectal.

La explicación detrás de estos daños está relacionada con la llamada desincronización circadiana, es decir, la alteración del reloj biológico natural que regula funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal, las hormonas y el metabolismo.

El catedrático de Psicología Diferencial de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Francisco Díaz-Morales, explicó que la fatiga y la alteración de los ritmos biológicos afectan el funcionamiento cognitivo, físico y emocional de las personas, además de reducir la calidad del desempeño laboral.

El experto señaló que muchas personas terminan acostumbrándose a síntomas como la somnolencia constante o el agotamiento, lo que puede generar una falsa sensación de control y aumentar el riesgo de accidentes laborales. De hecho, se estima que entre el 21 y 27 por ciento de los accidentes de trabajo están relacionados con fatiga y desajustes del sueño.

Actualmente, millones de personas trabajan bajo esquemas rotativos o nocturnos. Tan solo en España se calcula que alrededor de dos millones de empleados laboran por turnos, mientras que en Europa representan cerca del 20 por ciento de la población activa.

Ante este panorama, especialistas y representantes de distintos sectores coincidieron en la necesidad de replantear los modelos laborales para reducir los efectos negativos de la turnicidad. También insistieron en que la gestión de la fatiga debe convertirse en una prioridad tanto para las empresas como para las autoridades y los propios trabajadores.

Aunque muchas actividades esenciales dependen de horarios continuos y personal nocturno, los expertos advierten que ignorar el impacto del trabajo por turnos podría traducirse en una crisis silenciosa de salud pública vinculada al sueño, el estrés y el desgaste acelerado del organismo.

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